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Agroperifèrics en Huarte. Textos de sala by Marta Dahó

I

Agroperifèrics tiene origen en un trabajo de campo de carácter esencialmente fotográfico realizado en las huertas periurbanas de la segunda corona metropolitana de Barcelona entre los años 2008 y 2012.

El proyecto propone una deambulación por estos espacios de la mano de sus artífices. Sin la pretensión de elaborar una cartografía y lejos de considerar estos lugares suburbiales como una abstracción o una idea estética, Agroperifèrics pone de relieve la importancia del individuo como constructor de lugares e inventor de paisajes.

El eje discursivo de fondo se basa en la reflexión sobre los efectos de la era postindustrial en el territorio, pero el proyecto también plantea algunos interrogantes sobre los condicionamientos implícitos en la representación visual –en este caso, fotográfica– de un tema particularmente complejo como es la capacidad de autogestión en asentamientos informales por parte de personas, en su mayoría, jubiladas. En este sentido, las imágenes que integran este proyecto no obedecen al propósito de localizar o describir sus actividades, ni siquiera de retratar a sus protagonistas. Lo que se propone aquí es una interpretación visual de la realidad que los «agroperiféricos» generan en el territorio y los imaginarios que la acompañan, sin olvidar la perspectiva histórica y geográfica.

 

II

Si los agroperiféricos han conservado intacto un imaginario identitario vinculado a la cultura agraria, de la cual proceden muchos de ellos, también es cierto que la han sabido combinar con una innegable imaginación tecnológica, aplicada siempre con gran economía de medios. A pesar de las diferencias que revelan las diversas tipologías de estos asentamientos –ocupados de forma ilegal o cedidos con diferentes normativas y grados de restricción en sus usos– el interés de estas modalidades y la inventiva que demuestran sus artefactos van mucho más allá de la anécdota curiosa y el cliché sobre las posibilidades del reciclaje.

Lo que se despliega en la idiosincrasia de cada huerto es el ingenio del homo faber, asociado aquí a una evidente manifestación de su autosuficiencia. Además de su legado autobiográfico, en estos espacios encontramos con frecuencia indicios de su vida laboral anterior. Se trata de rastros que remiten a empresas e industrias que, sin duda, han contribuido a generar las transformaciones más drásticas en el entorno de estas huertas.

 

III

Desde una perspectiva histórica, observar la tarea de los agroperiféricos también permite pensar en la transformación del territorio a gran escala; en la progresiva desaparición de espacios agrícolas, consecuencia del crecimiento de las ciudades y los movimientos migratorios provocados por la industrialización. Muchos de estos horticultores jubilados, se desplazaron en su juventud desde las áreas rurales hacia las grandes ciudades y sus periferias para trabajar en nuevas zonas industriales. Ellos han sido, pues, testigos directos de las radicales transformaciones que alteraron definitivamente el paisaje a partir de la década de los años sesenta.

Asimismo, si las ciudades conquistaron espacios antes destinados a la agricultura, las fotografías del proyecto ponen de manifiesto cómo actualmente muchos huertos han acabado ocupando espacios vacíos generados por el propio proceso postindustrial. Espacios que, a su vez, constituyen lugares de memoria, representación y trasposición de un ideario paisajístico del cual los agroperiféricos nunca se han desvinculado del todo.

 

IIII

La morfología del paisaje agroperiférico también depende de otro factor: el tipo de contrato que el horticultor mantiene de facto con el espacio y que condiciona sus modalidades de trabajo.

Algunos de estos espacios son de propiedad municipal, otros han sido cedidos por empresas privadas o bien son ocupados de forma ilegal. Entre estas tipologías, las que ocupan ilegalmente espacios residuales, a menudo en los márgenes de las infraestructuras viarias, son quizás las más complejas en su diversidad y también las más vulnerables.

 

IIIII

En una isla en medio de un vial que une la autovía C-17 con la carretera C-59, se encuentra el Nudo de la Rània, entre Mollet del Vallès y Santa Perpètua. Estas tierras propiedad de la Generalitat de Catalunya y del Servicio de Carreteras habían sido ocupadas colectivamente durante 25 años. En noviembre de 2009, un bando municipal anunció su desalojo para realizar trabajos de “adecuación paisajística” que tendrían lugar en enero del 2010.

La complejidad del terreno se hacía visible en las diversas maneras en que cada usuario hacia uso de su parcela: algunas más salvajes, otras increíblemente ordenadas… La adecuación paisajística que se llevó a cabo siguiendo la ordenanza municipal dejó un territorio completamente yermo donde, al cabo de unos meses, las plantas reiniciaron un nuevo proceso de gradual ocupación silenciosa.

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